Efectos fisiológicos del aceite de oliva
Son cada día más evidentes los amplios efectos del aceite de oliva sobre los distintos órganos y funciones del organismo, destacando los que exponen a continuación. La mayoría de ellos se deben al componente mayoritario del mismo, el ácido mono insaturado oleico, y en efecto concreto antioxidativo también al componente insaponificable.
Efectos digestivos
A nivel gástrico Los dos efectos más importantes desde el punto de vista digestivo son un enlentecimiento del vaciado gástrico y sobre todo una inhibición parcial de la secreción gástrica. Esto último puede tener importancia en patologías como la dispepsia y úlceras gástricas y duodenales, como se ha comprobado en estudios epidemiológicos y clínicos.
A nivel hepatobiliar. Ha sido descrito que la ingestión habitual de aceite de oliva aumenta la excreción biliar de colesterol y sales biliares, lo que constituía un efecto hipocolesterolmiante. No obstante, falta mayor evidencia experimental para indicar que el citado efecto es realmente cierto y que además es cuantitativamente importante.
Lo que si es un efecto importante es su capacidad colagoga o de contracción vesicular biliar, lo que produce la liberación de colecistoquinona estimulada por el ácido oleico. Este hecho permite explicar los estudios epidemiológicos que muestran una menor prevalencia de coleletiasis en zonas o países de consumo habitual de aceite de oliva.
A nivel pancreático. Los trabajos llevado a cabo tanto en experimentación animal como humana, muestran una mejor función pancreática con aceite de oliva, con menor actividad secretoria del páncreas (resultado de una específica respuesta hormonal gastrointestinal), sin que se vea afectados una buenas digestión y absorción de nutrientes.
Todos los trabajos digestivos, los llevado a cabo fundamentalmente a través del ácido oleico, que estimula diversas hormonas y péptidos gastrointestinales, como colecistoquinina, péptido, tirosina, neuropeptido Y. etc.
Efectos cardiovasculares
El aceite de oliva tiene una capacidad antiaterógenica y antitrombógena, que hace especialmente recomendable tanto a nivel de prevención como de medidas terapéuticas.
Las razones de esta ventaja antiterogénica radica en que el aceite de oliva reduce los niveles de colesterol total y colesterol LDL comparativamente con las grasas saturadas y de modo parecido a los aceites de semillas. Sin embargo consigue mantener e incluso aumentar los niveles de colesterol HDL, mientras que los valores de esta fracción son menores cuando se ingieren aceites de semillas. Es posiblemente los más destacable del efecto cardiovascular del aceite de oliva, determinar un LDL de menor capacidad oxidativa, lo que permite que se forme menos LDL oxidada. (comparativamente a cuando se ingieren aceites de semillas insaturados) lo que implica un menor riesgo aterógeno.
En cuanto al efecto trombógeno parece a la capacidad del aceite de oliva de favorecer la síntesis de eicosanoides.
Por otro lado parece evidente que el aceite de oliva disminuye la presión arterial, impide una coagulación excesiva y favorece la fibrinólisis, todo lo cual permite una mejor funcionalidad cardiovascular.
Efectos antioxidativos
Los ácidos grasos alimenticios en función de su grado de insaturación determinan una mayor menor insaturación de las membranas celulares u de lipoproteínas circulantes, lo que va a permitir una mayor o menor vulnerabilidad oxidativa. La ingesta habitual del aceite de oliva, y más si este es virgen, da lugar a un riesgo oxidativo menor que cuando en la alimentación habitual están presentes los aceites de semillas.
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